La dureza del agua condiciona aspectos de la limpieza como, por ejemplo, la capacidad de generar espuma de algunos químicos o la generación de cal.

 

Es posible que, en alguna ocasión hayamos oído hablar sobre aguas duras o aguas blancas. Estos dos conceptos responden a la dureza del agua, que no solamente resulta determinante a la hora de cocinar, sino que también condiciona la elección de los jabones para la limpieza de los utensilios de cocina. 

 

¿Qué es la dureza del agua? 

 

La dureza del agua se traduce en la cantidad de sales disueltas de calcio y magnesio que encontramos en este líquido. 

Se calcula sumando las concentraciones de calcio y magnesio (en miligramos) presentes por cada litro de agua. 

De esta forma, se considera agua dura aquella que contiene altas cargas minerales y agua blanda aquella con bajas cantidades de calcio y magnesio. 

¿Cómo nos afecta la dureza del agua en la limpieza? 

 

La dureza del agua no solamente afecta a la hora de cocinar (cuanto más dura es el agua, mayor es el tiempo de cocción) o en el mantenimiento de los electrodomésticos, sino que también puede llegar a suponer un hándicap para la limpieza. 

Y es que las zonas con aguas duras requieren un mayor consumo de jabón para el lavado de la vajilla ya que, la capacidad de generar espuma en aguas con alta carga mineral queda limitada. 

Además, las zonas con mayor dureza del agua son más propensas a generar grandes cantidades de cal que posteriormente deben eliminarse con los químicos de limpieza adecuados.

 

El nostre consell

 

En Papelmatic disponemos de jabones lavavajillas que tienen en cuenta la dureza del agua y que presentan diferentes capacidades espumantes para optimizar así el consumo del producto. 

En cualquier caso, recomendamos estudiar la dureza del agua para cada zona y hacerlo de forma periódica para verificar así que ésta no se ha visto alterada de forma temporal. 

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